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MAITRI

MOTIVACIÓN Y EMOCIONES.

Cómo lo que sientes influye en lo que haces.

·1 min de lectura ·

¿Cómo influyen las emociones en nuestra motivación?

La motivación suele entenderse como la fuerza que nos impulsa a actuar, perseguir una meta o mantener un esfuerzo a lo largo del tiempo. Sin embargo, desde la psicología sabemos que nuestras decisiones y acciones no dependen únicamente de la voluntad, la disciplina o el pensamiento racional. Las emociones también desempeñan un papel fundamental.

Lo que sentimos influye en aquello a lo que prestamos atención, en la manera en que interpretamos una situación y en la cantidad de energía que estamos dispuestos a invertir en ella. Por eso, comprender nuestras emociones puede ayudarnos también a comprender por qué, en determinados momentos, sentimos entusiasmo para avanzar y, en otros, nos cuesta comenzar o continuar.

Emoción y motivación: dos procesos estrechamente relacionados.

Las emociones funcionan, entre otras cosas, como sistemas de información. Nos ayudan a identificar rápidamente si una experiencia puede resultar agradable, amenazante, frustrante, importante o significativa para nosotros.

La motivación, por su parte, organiza nuestra conducta en torno a necesidades, intereses, objetivos y valores. Nos orienta hacia aquello que deseamos alcanzar y también nos impulsa a alejarnos de aquello que percibimos como dañino o desagradable.

Por esta razón, emoción y motivación se influyen mutuamente de manera constante.

Cuando algo nos genera interés, curiosidad, entusiasmo o satisfacción, es más probable que queramos acercarnos, explorarlo y dedicarle esfuerzo. Cuando una situación provoca miedo, vergüenza, frustración o agotamiento, puede aparecer una tendencia a evitarla, posponerla o abandonarla.

Esto no significa que existan emociones “buenas” que siempre nos motivan y emociones “malas” que siempre nos detienen. Su influencia depende del contexto, de la intensidad de la emoción, de nuestra interpretación de lo que ocurre y de los recursos que sentimos tener disponibles.

Comprender nuestras emociones puede ayudarnos a comprender nuestra motivación

Cuando sentimos que hemos perdido la motivación, puede ser útil preguntarnos qué está ocurriendo emocionalmente.

Quizá la meta dejó de ser significativa. Tal vez estamos agotados. Podemos estar evitando una situación que despierta inseguridad, o intentando sostener expectativas demasiado exigentes.

Preguntas como estas pueden ayudarnos a explorar lo que ocurre:

  • ¿Qué emoción aparece cuando pienso en esta tarea?

  • ¿Qué estoy tratando de evitar?

  • ¿Esta meta sigue siendo importante para mí?

  • ¿La exigencia que estoy poniendo sobre mí es realista?

  • ¿Necesito descanso, apoyo, estructura o un objetivo más pequeño?

Comprender estas respuestas puede ofrecernos información mucho más útil que juzgarnos simplemente por “no tener suficiente motivación”.

Emoción, motivación y bienestar

Nuestra motivación cambia porque nosotros también cambiamos. Las necesidades, las circunstancias, el nivel de energía y las emociones varían continuamente.

Escuchar esas señales puede ayudarnos a tomar decisiones más conscientes.

En ocasiones necesitaremos impulsarnos a actuar aunque no tengamos ganas. En otras, la falta de motivación puede ser una señal de que necesitamos detenernos, descansar, modificar una meta o reconsiderar lo que estamos intentando sostener.

Comprender la relación entre emociones y motivación nos permite alejarnos de la idea de que todo depende de la fuerza de voluntad.

A veces, antes de preguntarnos “¿por qué no tengo motivación?”, puede ser más útil preguntarnos:

¿Qué estoy sintiendo y qué intenta decirme esta emoción sobre lo que necesito, temo o considero importante?

Esa pregunta puede abrir una forma más amable, consciente y realista de relacionarnos con nuestra propia motivación.

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